Mapa de una ausencia. Aprender a caminar bajo la lluvia
- Rebeca Bolanos Cubillo
- 24 dic 2025
- 3 Min. de lectura
Sobre la humedad relativa y otras aberraciones del tiempo es un solo poema y, a la vez, un mapa extenso del duelo. No del duelo abstracto ni metafórico, sino del duelo encarnado: la experiencia de la pérdida definitiva, la muerte como quiebre del tiempo, del lenguaje y de la identidad. Este libro no se organiza como relato de superación, sino como tránsito: un poema-río que avanza entre memoria, intemperie y conciencia herida.
La lluvia —presencia constante— no funciona como solamente como recurso atmosférico, sino como estado del ser. Es persistencia del recuerdo, humedad que nunca se seca, clima emocional que vuelve. Desde el inicio, el texto nos dice que estamos ante algo que excede lo literario:
“Las noches de lluvia son heridas abiertas más allá del poema”.
Ese “más allá” marca el tono ético del libro. CHUMI no escribe para embellecer el dolor, ni para clausurarlo, sino para vivirlo. El poema se mueve entre escenas urbanas, caminatas nocturnas, cantinas, sombras, música, imágenes culturales y políticas, pero siempre con un centro gravitacional claro: la ausencia del ser amado que ya no está.
No hay nostalgia complaciente, el duelo aparece como una experiencia desordenada, física, a ratos delirante. El yo poético se fragmenta, conversa con su sombra, se observa desde afuera, duda de su propio movimiento. La pérdida no es solo emocional: es ontológica. El mundo sigue, pero algo esencial se ha desplazado para siempre.
Formalmente, el poema renuncia a la contención. Avanza por acumulación, por enumeraciones, por asociaciones que a veces rozan lo onírico y otras se clavan en lo brutalmente cotidiano. Esa forma es coherente con el duelo: no hay linealidad posible cuando la muerte irrumpe. El lenguaje se vuelve exceso porque la experiencia lo es.
La dimensión social y política del texto no es decorativa. El colapso del siglo, la ciudad enferma, la manipulación del poder, la deshumanización contemporánea dialogan con la pérdida íntima. El duelo personal se inscribe en un mundo igualmente agotado, igualmente en crisis. Un final que ocurre en una época que parece haber perdido también la sensibilidad.
Uno de los gestos más potentes del libro es negarse a prometer consuelo. El poema no ofrece cierre ni redención. Apenas sostiene la respiración:
“Sobreviví a un sinfín de noches como estay hoy intento sobrevivir sin vos.”
Aquí no hay metáfora romántica. Hay supervivencia. El amor no se rompe: persiste como ausencia, como memoria activa, como herida que redefine el modo de estar en el mundo. La muerte no cancela el vínculo; lo transforma en otra cosa, más dolorosa y más radical.
Hacia el final, cuando la lluvia cesa, no aparece la calma. Aparece el movimiento. La vida continúa, pero ya no es la misma:
“Después de la tormenta todo huele a vida y todo se agita.”
Este libro no es un homenaje solemne, ni un ejercicio de catarsis. Es un acto de honestidad radical frente a la ausencia. Un texto que entiende la escritura como una forma de acompañamiento, no de salvación y que asume que el duelo no es algo que se supera: es algo que se aprende a habitar.
Sobre la humedad relativa y otras aberraciones del tiempo es un poema incómodo, necesario, profundamente humano. Un libro que no seca la herida, pero enseña a caminar bajo la lluvia con dignidad, memoria y una lucidez que, en tiempos de anestesia emocional, resulta profundamente política.
Es imposible leer este libro sin pensar en Chumi, en su forma de estar en el mundo, en su manera atenta y generosa de mirar, de escuchar, de acompañar. Este poema no es una pose, ni un gesto literario, es el resultado de una vida atravesada por la estética, la sensibilidad, la ética y el amor, incluso en medio del dolor. Como amiga y como lectora, celebro profundamente esta escritura honesta y necesaria, y agradezco que Chumi nos recuerde que la palabra, cuando nace de la verdad, puede ser un refugio compartido.

